Editorial

  • La mayoría de los nombres de los premiados durante estos diez años de historia de la Fundación Princesa de Girona no son conocidos para el gran público.

    Es cierto que sus trayectorias, como jóvenes que son, están aún lejos en muchos casos de ser dilatadas y poseer el prestigio incontestable, pero esa es la razón por la que la Fundación Princesa de Gerona es tan importante, porque no reconoce solo el trabajo bien hecho o la excelencia, sino la posibilidad de poder transformar nuestra sociedad, de mejorarla, como una especie de intuición: la de que en un futuro muy próximo, ellos y ellas están llamados a cambiarlo y mejorarlo todo.

    En una sociedad enferma de cortoplacismo, conviene hacer un alegato al largo plazo. Nada que merezca la pena ser reconocido, nada de lo que podráayudarnos a generar una sociedad más justa, más preparada, más sostenible y mejor, puede ser construido en dos días.

    La Fundación Princesa de Girona se enorgullece de estar siempre con los jóvenes, de reconocer su inmenso talento, su capacidad de sacrificio y su valentía, pero también de todo lo que representan, porque hoy, más que nunca, en la era del meanstream, del do yourself, en la era del individualismo, corremos el riesgo de perder de vista la importancia de reconocer y celebrar todo aquello que hemos logrado como sociedad, juntos: el valor de una generación que es fruto del mayor periodo de estabilidad económica y política de nuestra historia, del esfuerzo de millones de padres y madres que entendieron que la educación es el mejor legado que se puede hacer a los hijos, el triunfo de un sistema educativo público que no deja atrás a nadie por su origen o condición y en el que todos y cada uno de nosotros y nosotras, podemos lograr nuestros retos y sueños.

    Estos jóvenes provienen de familias muy diversas, y han nacido y estudiado en regiones de toda la geografía española. Son el mejor ejemplo de lo que debe representar nuestro país: diversidad, generosidad, compromiso e igualdad de oportunidades.

    Durante los últimos diez años, en la Fundación Princesa de Girona se ha hecho un trabajo muy importante, que quizá no ha trascendido como debiera. La acción de comunicación que hoy presentamos solo pretende hacer más visible lo ocurrido durante estos años. El valor de las historias que hay detrás de cada uno de los premiados, el estímulo que para otros muchos jóvenes de este país representa saber que su generación, a la que hemos ido poniendo extrañas etiquetas (Generación X, Milenials, Generación Y, Ninis, etc) -casi siempre resaltando sus carencias o pretendiendo juzgarles- es, en esencia, una mejor generación, más preparada, más concienciada y más solidaria.

    Creíamos que iba siendo hora de hablar de todo aquello que convierte a esta generación en una generación ilusionante, una generación que puede ayudarnos a ser mucho mejores.

    Nosotros la hemos llamado Generación Diálogo.

    Porque eso es lo que mostramos con este contenido, diálogo: diálogo entre generaciones, la que representan los Patronos de la Fundación Princesa de Girona -formada por Presidentes y CEOS de las principales empresas de nuestro país, una generación que lidera nuestro presente y que son el perfecto ejemplo del éxito empresarial; y la que simbolizan los jóvenes premiados en diferentes categorías a lo largo de los diez años de historia de la Fundación, y que están llamados no solo a sucederles, sino a hacerlo mejorando incluso el legado recibido.

    Diálogo, porque es, junto con la educación, la herramienta más poderosa que tenemos para asumir los grandes desafíos sociales, culturales, científicos y tecnológicos. Compartir el conocimiento, llegar a acuerdos y consensos que nos permitan mirar al futuro con optimismo, sin perder un ápice de todo aquello que hemos sido capaces de conquistar juntos.

    Algún día, estos jóvenes, cuyos nombres aún nos son desconocidos, recogerán quizá un nuevo galardón en el Teatro Campoamor de Oviedo, y entonces, ese día, se habrá cerrado el círculo, y el talento joven que hoy premiamos y celebramos, la intuición, se convertirá en trayectoria, y lo que hoy es una posibilidad, se habrá convertido en un hecho irrefutable gracias a la confianza, que es lo único que necesita esta maravillosa generación.

    Jorge Martínez